martes, 1 de septiembre de 2009

De "Nocturnidad. Mito y Cosmos". Una aproximación desde el arte contemporáneo




La nocturnidad, puede considerarse como el espacio y el tiempo en cual se puede acceder a un encuentro íntimo con el cosmos. La luna y el movimiento de las estrellas son fenómenos que se manifiestan a los sentidos del ser humano, y así diversas culturas a lo largo del tiempo han encontrado en la observación de los astros una forma de responder a la pregunta ontológica, es decir, a la pregunta por el ser mismo y de las cosas. Infinidad de mitos, han surgido a partir de este encuentro con la naturaleza en su forma más pura, mitos fundacionales que han tratado de dar una respuesta a la incertidumbre del origen.

Así, el pasado viernes 21 de agosto, en un momento de oscuridad en la Ciudad de México, se llevó a cabo la inauguración de la exposición titulada "Nocturnidad. Mito y Cosmos". El proyecto curatorial de Nuria Ruiz que se exhibe en el Museo de Arte Tridimensional, reunió a poco más de 60 artistas cuya temática en común es precisamente el cosmos y la influencia de los astros en la construcción de pensamientos de todos los tiempos y su reinterpretación en el mundo contemporáneo. Según mencionó la curadora durante la apertura del evento, la motivación para la creación de esta exposición se enmarca en la declaración que las Naciones Unidas hicieron del 2009 como el “Año Internacional de la Astronomía”, ciencia que tuvo su antecedente precisamente en el pensamiento astrológico.

Origen y Destino, son en este caso, los temas que a través de los lenguajes del arte son retomados por los creadores de hoy en día, citando las palabras que la propia curadora Nuria Ruiz escribe en la cédula introductoria, "La noche en complicidad con la naturaleza silvestre ha inspirado a artífices de la plástica y la literatura a experimentar con las inagotables posibilidades creadoras que les brinda el universo infinito".

Lo interesante de esta muestra, es que nos da la posibilidad de plantear la siguiente pregunta: ¿Cuál es nuestra relación como individuos y como sociedad con los astros en la actualidad? Si bien para las civilizaciones antiguas y muy particularmente las del México Antiguo, la filosofía, la religión y la vida cotidiana fueron aspectos todos relacionados directamente con la observación de los astros e inspiración para la construcción de obras monumentales como las pirámides del sol y de la luna, hoy la relación del ser humano con el cosmos ya no es la misma. El mito como fundamento de verdad ha sido sustituido por la ciencia, de la misma manera en que los momentos de observación de las estrellas han ido desapareciendo entre la saturación de los medios masivos de comunicación.

A pesar de que la cultura y en general las sociedades modernas, se encuentran cada vez más secularizadas e inmersas en el proceso de la globalización, el arte no ha dejado de aproximarse a este tipo de cuestionamientos que pueden considerarse universales. Muchos artistas, algunos de los cuales quizás han sido etiquetados como “esotéricos”, “anacrónicos” o si bien les va, como “románticos” por su afinidad a la nocturnidad, buscan reinterpretar su entorno ya sea desde las visiones cosmogónicas, desde esos mitos que lejos de ser mentira son otro tipo de conocimiento, o bien desde las ciencias físico matemáticas, que han hecho posible que esos seres diminutos que contemplaban los cuerpos celestes desde la lejanía, hayan cumplido uno de sus anhelos más delirantes, colocar sus pies sobre la superficie lunar.

"Nocturnidad. Mito y Cosmos" invita al espectador a apreciar obras de diversas técnicas que van desde la pintura, la escultura, la fotografía, el performance, hasta la instalación y el body art; piezas en las que se hace énfasis en que así como la luna influye en el movimiento de la marea, el ser humano como habitante de la tierra no deja de ser parte del orden natural. Definitivamente, se trata de una exposición que merece ser atendida por todos aquellos interesados en las propuestas de artistas que comparten una reflexión contemporánea sobre aquello ante lo que nunca deberíamos perder la capacidad de asombro: el universo del cual todos somos parte.

Museo de Arte Tridimensional:
Ex Hacienda del Rosario s/n esq. Calz. de las Armas
Col. Prados del Rosario
CP 02410, Azcapotzalco, Distrito Federal
Tels. (55) 5318 5334

lunes, 17 de agosto de 2009

Las ánimas del Purgatorio: Un invento de la Edad Media

Desde las culturas más ancestrales, los seres humanos se han interrogado por aquello que sucede cuando el tránsito por esta vida mundana llega a su fin. Todas las religiones de todos los tiempos se han planteado esta pregunta metafísica, y algunas de ellas se han formulado también la posibilidad de una vida después de la muerte corpórea.

Según el historiador francés Jaques Le Goff la mentalidad, la ideología y las creencias religiosas son componentes del sistema social y la mediación de las mismas es indispensable para el buen funcionamiento de una sociedad. De tal manera, Le Goff nos habla de que durante la alta edad media prevaleció un pensamiento metafísico binario, en el que el destino final de las almas humanas se debatiría entre el Paraíso y el Infierno.

El Paraíso era entonces, el lugar en el que los hombres vivirían en armonía con el Dios judeocristiano, con los animales y con la naturaleza, gozando de la paz, la felicidad, la abundancia, que los humanos habían perdido por la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén.

Esta gran nostalgia en la conciencia de los hombres del medioevo por un paraíso perdido, pero nunca olvidado y el deseo poderoso de volver a encontrarlo, nos remite a la raíz misma de la palabra "religión", que tiene su origen en el verbo latino "religare" (re-ligo, volver a unir) y que sigue caracterizando al cristianismo contemporáneo, ya que, siguiendo con la idea dualista en un inicio mencionada, el Infierno existió desde el medioevo como una oposición al Paraíso: como un lugar de castigo y sufrimiento eterno.

Sin embargo todo cambió en el último tercio del s. XIII cuando el Purgatorio fue admitido por los doctores católicos y el Papa en turno, como un nuevo lugar en el más allá destinado a la purificación de las almas, lugar en el cual el sufrimiento sólo sería momentáneo y después de tal escarmiento las personas podrían llegar al anhelado Paraíso.
Fue así como el pensamiento dualista se convirtió en una nueva triada teológica que se tradujo en un sistema económico que sustentaría a la Institución Católica Romana y que gozaría de gran estabilidad hasta que Martín Lutero inició el protestantismo en los inicios del siglo XVI. Si el alma del muerto no era un gran pecador, tenía la posibilidad de salvarse después de pasar por un proceso de purificación en el fuego del purgatorio. La ayuda de la iglesia por medio de plegarias, rezos y misas sería indispensable...y costosa para los fieles que querían sacar a sus difuntos del purgatorio, surgiendo así el comercio de las indulgencias.

Finalmente, el éxito y aceptación del purgatorio como un nuevo mecanismo de poder y de control institucional, tuvo que ver con la necesidad de los creyentes de tener una esperanza de salvación, volviendo a los estudios de Le Goff, el nuevo modelo del más allá trajo consigo un cambio importante en la conciencia social, pues el historiador afirma que este paso es un reflejo de una sociedad que había transitado a la segunda fase de la revolución feudal: el crecimiento de las ciudades, al cual seguiría el surgimiento del sistema social y económico capitalista.
Culturalmente, este cambio se puede apreciar en la iconografía del arte medieval posterior al siglo XIII, en el que la idea tripartita del más allá en la edad media queda plasmada en obras que además de ser artísticas fueron una herramienta didáctica para mostrar visualmente a los fieles los horrores experimentados por las ánimas del purgatorio.
Fuentes:
- Le Goff, Jaques, Lo maravilloso y lo cotidiano en el occidente medieval, Gedisa editorial, Barcelona, 1996.
- Gurievich, Arón, Las categorías de la cultura medieval, Taurus humanidades, España, 1990.
- Cisneros, Fernando, Viaje al más allá en Occidente anterior a la Commedia, Colegio de México.
- Delumeau, Jean, Historia del paraíso. el jardín de las delicias, Taurus minor, México, 2003.


jueves, 11 de junio de 2009

Reconstrucción. Todos somos productores de Ficción


RECONSTRUCCIÓN, es una película realizada en el año 2003, por el joven cineasta danés Christopher Boe. La película y su director, han ganado numerosos premios y reconocimientos por parte de la crítica como el Premio Donostia al mejor director en el festival de San Sebastián 2003, y la Cámara de oro y Premio de la juventud en el festival de Cannes en el mismo año.

Reconstrucción, relata la forma en que un escritor va tejiendo una historia, cual si fuera una novela, cuyo tema principal es el de las relaciones amorosas que se presentan a partir de la construcción y encuentro de cuatro personajes; La diégesis de la película, se construye precisamente a partir de lo que el escritor August Holm, comienza a narrar.

Esta es la historia: Por un lado August Holm, se incluye así mismo como un personaje, es un escritor afamado que está casado con una mujer muy bella y joven. La relación comienza a desgastarse porque August dedica la mayor parte del tiempo a su profesión. Aimée es la esposa de August y cansada del olvido de su marido sale en soledad a conocer las ciudades por las que viaja con el escritor. Por otro lado, están Alex, quien es un hombre joven dedicado a la fotografía, y su novia Simone, con la que vive y lleva una relación de mucho tiempo. Por “casualidades” dentro de la diégesis, y por causalidades, construidas por el narrador que escribe la historia, Alex y Aimée se conocen, viven un tórrido y fugaz romance cuyo destino final será manipulado por el escritor de la película.

Estructuralmente, hay en el film una clara diferenciación entre historia y discurso, misma que se logra gracias al manejo y ordenamiento de todas sus instancias narrativas. El discurso, da paso a la consecución de la historia, interrumpe constantemente la secuencia lógica y lineal de la diégesis. El énfasis del discurso: Todo es ficción, es una reconstrucción. Así, la película es un medio por el cual queda asentada la postura reflexiva en cuanto a la cinematografía misma, que tiene el director. La película es autoreferencial en el sentido de mostrar su naturaleza propia, ya que, al igual que la literatura es un artificio. Muestra cómo el cine es un medio para representarse y construir un enunciado, a su enunciador y a su espectador.

Es por esto, que el título de la película es particularmente autoreferencial, más que una historia o dos historias de amor, la película es una referencia a las cualidades mismas de su propia materialidad y condiciones de posibilidad. El establecimiento de un convenio, de un código comunicativo así como de una relación muy especial entre narrador y espectador, son estas condiciones de posibilidad, sin las cuales el cine no sería lo que es, un arte y un medio de expresión. Así mismo, muestra cómo la narración es algo que constituye el pensamiento, el logos humano, y su lenguaje.
De alguna manera, al igual que August, todos somos escritores de nuestras historias sean de la realidad o producto de nuestra imaginación, lo único que podemos hacer es reconstruir, tratar de pegar los pocos fragmentos que recordamos, que percibimos desde nuestra subjetividad. Todos somos, con mayor o menor consciencia de ello, productores de ficción.

domingo, 31 de mayo de 2009

Jenny Saville, la corporalidad como discurso

Jenny Saville es una joven artista inglesa, nacida en Cambridge en el año de 1970. Desde los primeros años de la década de los noventa, Saville comenzó a exponer sus obras y éstas a ser reconocidas por la crítica de arte. Y es que la peculiaridad del arte de Jenny Saville es que se halla inscrito dentro de un contexto en el que más que nunca la construcción del cuerpo del individuo es de índole social: la moda, los parámetros estéticos femeninos, la ciencia y las nuevas tecnologías en la medicina, son discursos que dominan la percepción propia de la condición física y material.
Uno de los temas que ha sido tocado por la artista a este respecto, es precisamente el de los transplantes y la manipulación genética en animales como el cerdo para fines médicos y de salud en beneficio del ser humano. En una ocasión la artista tuvo oportunidad de retratar cadáveres de marranos que fueron utilizados para investigación médica, y de esa experiencia surgieron obras que suelen ser grotescas e impactantes a la vista del espectador; obras que hacen énfasis en la cercana relación que hay entre el cuerpo despreciado del cerdo y el del ser humano.

Las cuestiones de género que resultan ser tan polémicas en las sociedades moralistas y patriarcales, son otro tema al que Jenny Saville hace referencia en sus obras. El transexualismo por ejemplo, es pintado por la artista gracias a la cooperación de un modelo real, de un individuo que efectivamente es mitad hombre y mitad mujer.

Otra de las peculiaridades de la propuesta de Jenny Saville consiste en que, muy a pesar del surgimiento del arte conceptual a finales de la década de los sesenta, y de que desde esta perspectiva parecía acercarse la muerte de la pintura, las obras de la artista presentan una técnica muy bien manejada, cuyo material básico es el óleo.
En este sentido, la obra de Jenny Saville, contribuye a la reivindicación de la pintura como parte importante de las artes plásticas y como medio expresivo vigente en la actualidad.

Sus imágenes son figurativas, pero son un recurso del que la artista echa mano para plantear una propuesta que tiende a la reflexión. Los colores que utiliza en sus series de mujeres obesas van desde los grises, los rojos, los azules hasta los colores tierras, para plasmar el dolor y la degradación de los cuerpos, como si estuvieran colgados o tendidos en una carnicería.
La plasticidad sigue siendo en la obra de Saville un elemento fundamental para que sus conceptos sobre el mundo contemporáneo puedan ser observados y asimilados por el espectador.

Tal y como lo hacía Rubens, Saville pinta cuerpos voluminosos y obesos, que sin duda encuentra estéticos, pero es evidente que de una manera diferente a la de Rubens: Lo grotesco, lo crudo, lo sangriento, e incluso lo sucio tienen para la artista un valor que logra un fuerte impacto en el espectador; un impacto que va desde el asco y el rechazo hasta la conmoción que genera ver los autorretratos de Saville en los que su propio cuerpo aparece masacrado.

Podría afirmarse pues, que la aportación de esta joven artista a la cultura y al mundo del arte contemporáneo radica en dos aspectos principales. El primero es que en su obra se manifiestan las contradicciones, las ansiedades y las disyuntivas a la que la artista se enfrenta como parte de la sociedad, preocupación que es evidenciada en sus autorretratos.

Los parámetros de belleza y la manera en cómo se concibe y se representa el físico en occidente, son exigencias plasmadas en sus cuadros de gran formato. Saville, aborda las relaciones corporales entre los individuos, retrata las distintas facetas la vida de la mujer siendo el cuerpo un texto en el que se puede leer toda una construcción cultural.

En un segundo aspecto, aunque el tema del feminismo puede parecer en nuestras épocas muy trillado, Saville hace una nueva lectura de esta ideología, pues pretende llegar más allá de un discurso apelando a las sensaciones y a las emociones más escondidas del extraño placer que nos produce el ver trabajos que se asemejen a una dura realidad.

Las obras más recientes de Jenny Saville entrañan un discurso que se apega a las realidades sociales, en las que la mujer es valorada por su físico y en consecuencia se ve orillada a recurrir a los salvajes procedimientos de la cirugía plástica. Es por ésta influencia de los hechos sociales y culturales que la obra de Saville es considerada hasta cierto punto agresiva en sus imágenes. Pero se trata de una agresividad que está implícita en la misma sociedad y lo que hace la artista es mostrar a su modo muy particular, una realidad que muchos aún se niegan a reconocer.


Fuentes:
http://www.saatchi-gallery.co.uk

sábado, 30 de mayo de 2009

Leticia Moreno Buenrostro: 50 años compartiendo su Vida en la Academia


Ganadora de numerosos premios, merecedora de otras muchas distinciones, la Maestra Leticia Moreno Buenrostro pasa la mayoría de las tardes en el taller de escultura en madera de la Academia de San Carlos, transmitiendo su sensibilidad y conocimientos técnicos a las nuevas generaciones de escultores mexicanos. A punto de cumplir medio siglo de enseñanza en las artes, acudimos a entrevistarla y en una amena conversación, nos habló de su vida en la escultura y de su labor en la academia. A continuación presento un breve fragmento de esta entrevista realizada en febrero de este año, por la fotógrafa Paola Torres y yo, siendo muy interesante y emotivo lo que la maestra Buenrostro nos compartió.

¿Cómo se inicia en la escultura?
Mire me inicié en la escultura, que no era propiamente escultura, sino modelado. Mi abuelito y uno de mis tíos tenían un apiario en la huerta. Cada determinado tiempo, extraían la miel e iban depositando la cera en unos botes. Yo empecé a coger la cera, se me hizo muy noble y ahí comencé con figuritas chiquitas, animalitos, caballos, perros, gatos y después, ya con figura humana y empezando a tallar palitos que me encontraba en la huerta de mi casa. En el año 53 inicié mis estudios aquí en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y he seguido ocupando el taller como maestra del taller de escultura en madera.

Maestra, ¿cuántos años lleva usted dando clases aquí en la Academia?
En la universidad yo empecé en el año 59, entonces cumplo el 16 de junio del 2009, 50 años de servicio.

¿Cuál ha sido su experiencia y su sentir, al preparar a muchas generaciones de escultores mexicanos?
Lo que yo he experimentado siempre, es que cada quien trae ya lo suyo. Está dotado ya como escultor, pintor, dibujante, grabador; así es que, es muy poco considero, lo que el maestro aporta porque los alumnos, casi todos los que han pasado por este taller, ya están capacitados para realizar obras y crear.

Maestra, le agradecemos mucho su tiempo y una felicitación por sus 50 años en la enseñanza de la escultura.
A ustedes y con mucho gusto.

André Breton, su interpretación surrealista sobre México

Como es ya muy sabido, uno de los escritores e intelectuales más sobresalientes del siglo XX, André Breton, sintió una gran atracción por la cultura de nuestro país, pero ¿cuáles fueron estos elementos que hicieron que André Breton viera en México un lugar donde el surrealismo se materializaba?

En sus primeras aproximaciones y desde muy niño, el autor del Manifiesto Surrealista contempla la existencia de México al acercarse a este por medio de la lectura de diversas novelas, entre las que figuran “El Indio Costal”, de Gabriel Ferry, la cual narra diversos acontecimientos que tienen lugar durante la guerra de Independencia. Para Bretón la idea de los mexicanos luchando por su independencia constituye un ejemplo de la actitud de insumisión y rebeldía que tomaría años después con el movimiento que encabezó.

Así, la Revolución Mexicana y en particular el movimiento encabezado por Emiliano Zapata , son hechos que el artista tiene muy presente durante sus años como iniciador del movimiento surrealista; México representaba el país donde la liberación resultaba una idea en boga, ésta junto con la transformación y el cambio que proponían los movimientos armados de su historia, fueron elementos que el artista asoció con el movimiento surrealista.

El positivismo de Porfirio Díaz, el apoderamiento de capital extranjero sobre las tierras de cultivo así como la explotación de los indígenas en las haciendas decimonónicas, fueron elementos que provocaron la lucha armada revolucionaria; una lucha contra los valores considerados Occidentales, que se asemejaban en gran medida a aquellos contra los cuales se oponían los surrealistas. Bretón veía en México, un sitio en el que se hacía una lucha paralela a la que él proponía con el movimiento surrealista. Un país en el que la sinrazón y la violencia eran producto de la lucha armada con aspiraciones a la liberación, era un punto muy atractivo para su propuesta estética en la literatura.

André Breton encontró en la cultura mexicana, un lugar en el que recuperaba aquello perdido en un pasado idealizado; una edad dorada y un tiempo donde el hombre primitivo vivía sin la creciente industrialización y el materialismo a los cuales se opone el artista en su famoso manifiesto de 1924. Todo esto, propiciado por la identificación del pasado indígena y la idea de México como aquel paraíso añorado.

Los surrealistas pugnaron por una forma diferente de ver el espíritu humano, en donde lo real y lo imaginario, la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo, la vida y la muerte convergieran y pudieran coexistir en armonía. El humor negro mexicano materializado era un buen ejemplo de tales dicotomías, en especial la obra del grabador José Guadalupe Posada, quien con su imagen de la catrina, plasmaba gráficamente la idea prehispánica de la vida cotidiana y su proximidad a la muerte; por supuesto sin dejar de lado la vasta cantidad de mitos y leyendas que se fueron formulando casi por tradición oral alrededor de las figuras revolucionarias; historias que mitificaban y consagraban a los héroes caídos, mártires de las causas perdidas.

Para Breton, México y su expresión artística tuvieron un papel en el replanteamiento surrealista del universo humano, que se oponía a la hegemónica cultura de la burguesía. Un verdadero ambiente mágico se respiraba en México, lugar custodiado por las piezas prehispánicas que lejos de ser meros objetos inanimados, representaban el pasado mítico todavía activo en México. No se trataba de las piezas "ornamentales" que tanto aterraron a los conquistadores españoles, sino de dioses, representaciones del inconsciente humano, y la materialización de sus sueños.

La presencia mítica del pasado es la radical oposición al pragmatismo y a la eficacia impuestas por el sistema capitalista, en ese entonces ya creciente y demandante. Los mitos, formaron parte de la postura anticolonialista de los surrealistas, pues el movimiento optó por las culturas no occidentales, por sus valores y creencias.
En este mismo sentido, la artesanía como expresión popular, era el testimonio físico de un intento del artesano para conciliar su realidad con sus sueños. Breton apreció también el aspecto técnico de la realización de estos objetos, que en su opinión respondieron a la necesidad de plasmar la individualidad del artesano. La artesanía es valorada por el poeta, porque se resistía a perderse en medio de la industrialización y la producción en serie.

Fue así como Breton idealizó a la cultura de México, la forma como desde su contexto interpretó un espacio que sin duda fue atractivo para otros creativos, el caso más cercano quizás, es el de Sergei Eisenstein con su famoso film "¡Que viva México!" y no se diga en la actualidad, pues este país sigue siendo un foco de atención para artistas e intelectuales que encuentran aqui una fuente de “inspiración”, un lugar en el que a pesar de sus contradicciones, la libertad creativa se manifiesta al unísono de una de mis frases favoritas del fundador del surrealismo:

“NO SERÁ EL MIEDO A LA LOCURA LO QUE NOS OBLIGUE A BAJAR LA BANDERA DE LA IMAGINACIÓN”



Fuentes:

Un listón alrededor de una bomba: una mirada sobre el arte mexicano: André Breton, Rafael Tovar y de Teresa (coord.), Instituto Nacional de Bellas Artes, México, 1997.